Más de 3.000 astrónomos a nivel internacional, entre ellos el Premio Nobel de Física Michel Mayor, han enviado una carta al Presidente Gabriel Boric para advertir sobre los riesgos que representa un megaproyecto de hidrógeno verde en el norte del país, cerca de una de las zonas más relevantes para la observación astronómica a nivel global.
La carta fue coordinada por la astrónoma chilena Bernardita Ried y expresa una profunda preocupación por el posible impacto del proyecto INNA de AES Andes, actualmente en evaluación ambiental, sobre la continuidad de las operaciones científicas en el desierto de Atacama.
¿Qué es el proyecto INNA y dónde se pretende instalar?
El proyecto INNA, impulsado por AES Chile, consiste en una planta industrial de producción de hidrógeno y amoniaco verde, y en diciembre de 2024 fue ingresado a tramitación mediante un Estudio de Impacto Ambiental (EIA).
Esta iniciativa se planea instalar en la comuna de Taltal, Región de Antofagasta, a tan solo 11 kilómetros del Observatorio Paranal y a 20 kilómetros del Cerro Armazones, sitio donde se construye el Extremely Large Telescope (ELT), el telescopio óptico más grande jamás diseñado.
La zona es reconocida como uno de los mejores lugares del planeta para la astronomía, gracias a sus condiciones atmosféricas privilegiadas y su bajo nivel de contaminación lumínica.
Riesgos identificados para la astronomía científica
Los firmantes de la carta aseguran que la cercanía del complejo industrial a estos observatorios representa una amenaza directa y definitiva para la astronomía de precisión.
Entre los efectos negativos identificados en los estudios técnicos citados en la misiva, se encuentran:
- Contaminación lumínica severa que interferiría con la calidad de las observaciones.
- Turbulencias atmosféricas producto de las actividades industriales.
- Vibraciones estructurales durante las fases de construcción y operación.
- Alta concentración de polvo en suspensión, que afectaría la óptica de los telescopios.
Según la comunidad científica, no existe viabilidad técnica para que un complejo de esta envergadura pueda coexistir con observatorios astronómicos avanzados a menos de 50 kilómetros de distancia.
La solicitud a La Moneda: proteger el patrimonio científico
Los más de 3.000 astrónomos que firmaron la carta —provenientes de universidades, observatorios y centros de investigación de distintos continentes— hacen un llamado directo al Gobierno para que intervenga en la reubicación del proyecto INNA.
El objetivo, subrayan, es garantizar la continuidad del trabajo astronómico en la región, que alberga infraestructura crítica para el desarrollo científico global, como el Very Large Telescope (VLT) y el ELT, ambos gestionados por el Observatorio Europeo Austral (ESO).
La comunidad científica internacional espera que las autoridades chilenas valoren el carácter único de esta zona y su rol en el avance del conocimiento astronómico, resguardando su integridad frente a proyectos industriales de alto impacto.